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title: "Viernes Santo: el día en que el mundo se detuvo y todo fue silencio"
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description: "En este Viernes Santo, Expreso Mendoza se detiene a contemplar el misterio más hondo del cristianismo: la muerte de Jesús en la cruz. Una reflexión sobre el dolor, la esperanza y la vigencia de ese mensaje en un tiempo donde la injusticia, la pobreza y la guerra siguen siendo la pasión de millones."
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date_published: "2026-04-03T11:43:00-03:00"
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tags:
  - "editorial"
  - "Pascua"
  - "reflexión"
  - "Semana Santa"
  - "Viernes Santo"
author_name: "Expreso Mendoza"
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category_name: "Editorial"
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# Viernes Santo: el día en que el mundo se detuvo y todo fue silencio

Hay días en el calendario que no son simplemente una fecha. Viernes Santo es uno de ellos. Es el día en que el tiempo se parte en dos: antes y después de la cruz. El día en que los creyentes de todo el mundo se detienen, bajan la voz y contemplan el misterio más desconcertante de su fe: que Dios eligió morir.

No murió en un palacio. No murió rodeado de poder. Murió en un madero, entre ladrones, bajo el cielo de Jerusalén, con el cuerpo desgarrado y los labios secos. Murió solo, en el sentido más brutal de la palabra. Y sin embargo, en esa muerte que parece la derrota total, el cristianismo encontró el corazón de todo su mensaje: que el amor más grande es el que no pone condiciones, que la entrega verdadera no calcula, que la vida que se da no se pierde sino que se multiplica.

Hoy, dos mil años después, el Viernes Santo sigue siendo necesario. No como ritual vacío, no como feriado turístico ni como excusa para la escapada al campo. Necesario como espejo. Porque cuando miramos la cruz, no solo vemos a Jesús: nos vemos a nosotros.

Vemos al hombre que muere de hambre mientras los estadios se llenan. Vemos al niño que creció en la pobreza sin que nadie cambiara su destino. Vemos al anciano que murió en un hospital público esperando un turno que nunca llegó. Vemos al trabajador que perdió su empleo y no tiene con qué llegar a fin de mes. Vemos a los que cargan cruces reales, de carne y hueso, sin nadie que les ayude a levantarlas.

El arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, lo dijo esta semana con la claridad que le da haber visto de cerca el sufrimiento de la gente: los números pueden decir lo que quieran, pero la realidad que él ve en las calles, en los barrios, en los comedores, habla de más pobreza, no de menos. Y esa voz de la Iglesia —que no es política, es evangélica— resuena especialmente fuerte en un día como hoy, cuando el mundo se supone más quieto y más dispuesto a escuchar.

El mensaje del Viernes Santo no es de resignación. No es "aguantá y callate". Es exactamente lo contrario: es el grito de un hombre que en los últimos minutos de su vida pidió perdón por sus verdugos y prometió el paraíso a un ladrón arrepentido. Es la proclama de que nada humano es definitivo, que la injusticia no tiene la última palabra, que la muerte no gana. Siempre hubo Pascua después del Viernes.

En Mendoza, como en toda la Argentina, este Viernes Santo encuentra a miles de familias cargando sus propias cruces. La nafta que no alcanza. La factura de luz que duplicó lo que ganás en un día. El medicamento que el PAMI dejó de cubrir. El trabajo informal que obliga a vivir al día. Esas cruces no se ven en los canales de televisión. Pero son reales. Y pesan.

Hoy, Expreso Mendoza elige guardar silencio de muchos temas para dejar espacio a lo esencial. Porque hay días en que la mejor noticia no es la última declaración de un político ni el dato del dólar: es recordar que alguien, hace dos mil años, eligió ponerse del lado de los que sufren. Y que eso cambió la historia.

Feliz Pascua a todos los mendocinos. Que después del silencio y el dolor del Viernes, llegue siempre la luz del Domingo.

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