“El dólar sube, el país tiembla, y nosotros seguimos laburando igual”

Mientras los políticos se pelean, los economistas juegan a ser gurúes y los mercados nos sacuden, la gente común se levanta cada día a trabajar sin importar si el riesgo país está en 1000 o en 3000 puntos.
Editorial01/10/2025 Julieta Arroyo

En Argentina, el dólar no es una moneda extranjera: es un miembro más de la familia. Se habla de él en la mesa, en la parada del bondi, en la cola del súper. Subió, bajó, se disparó, se planchó. Siempre protagonista, siempre metido en nuestras conversaciones, aunque la mayoría de nosotros no vea un billete verde ni en figuritas.

La realidad es que casi todos cobramos en pesos, y los pesos se derriten cada vez que abrimos la billetera. Una billetera que parece tener agujeros invisibles: entra el sueldo y al minuto ya no queda nada.

Los noticieros llenan la pantalla de gráficos con flechas rojas y verdes, expertos que hablan de riesgo país como si fuera la tabla de posiciones del campeonato. Pero el único riesgo que nos importa a los de a pie es el de ir al súper y que no alcance para una bandeja de carne.

Dicen que Estados Unidos nos tiró un salvavidas. Lo aplauden los que viven de la política y los que hacen negocios con la crisis. Pero en casa no hay salvavidas: cuando llega la boleta de la luz, no hay embajada que la pague.

Los poderosos siempre encuentran la forma de salir ilesos. Ellos dolarizan, ellos fugan, ellos compran barato para vender caro. Nosotros seguimos contando monedas para cargar la SUBE y que no nos deje a pata el bondi.

Lo más perverso es que hay quienes se frotan las manos cuando todo explota. Porque para algunos, la inestabilidad es negocio. Cuanto más caos, más ganancia. La corrida les deja dividendos. El quilombo es su zona de confort.

Y cuando ellos festejan, nosotros ajustamos el cinturón. Porque la inflación no da tregua, el alquiler sube más que el dólar, la nafta aumenta como si fuera champagne, y la heladera se convierte en un museo: llena de recuerdos y vacía de comida.

Un día nos dicen que “bajó el dólar” y nos quieren vender la calma como si fuera una conquista. ¿De qué sirve que baje diez pesos si al otro día lo suben veinte? Es como aplaudir que te devuelvan una moneda después de haberte robado el sueldo entero.

A los políticos les encanta hablar en futuro: “cuando se estabilice”, “cuando lleguen las inversiones”, “cuando baje la inflación”. Nosotros vivimos en un presente que no espera promesas: el kilo de pan ya se fue de las manos, y el sueldo nunca llega a la segunda quincena.

La culpa, dicen, siempre es de otro. Del que estuvo antes, del que está ahora, del que viene después. Nunca de ellos mismos. Y así se pasan la pelota mientras el que se queda sin aire somos nosotros.

Nos levantamos todos los días a trabajar, a pesar de la incertidumbre, a pesar de la bronca, a pesar de que sabemos que hagamos lo que hagamos, los números nunca cierran. Pero cerramos la boca y seguimos. Porque no queda otra.

La Argentina, dicen, es impredecible. No lo es tanto: siempre hay una crisis a la vuelta de la esquina. Siempre hay un dólar que se dispara, una inflación que arrasa, un político que promete, un economista que teoriza. Lo predecible es que el golpe siempre cae en el mismo lugar: en el bolsillo del laburante.

Y mientras todo esto pasa, la rutina sigue igual. Te subís al bondi, apretás la SUBE con la esperanza de que tenga saldo, mirás la góndola del súper buscando segundas marcas, hacés malabares para que los chicos tengan lo básico. Esa es la vida real.

Al final, el dólar es noticia, el riesgo país es debate, el salvataje es discurso. Pero lo que nos queda todos los días es la sensación de estar solos en medio del quilombo. Y la certeza de que, pase lo que pase, los de arriba se salvan. Siempre.

Te puede interesar
742f11104802e6355960d99b14b674116ed3c00f

Ley de Glaciares: le cambian el nombre al agua para que Mendoza no lo note

Expreso Mendoza
Editorial07/04/2026
El oficialismo avanza en Diputados con una reforma que reemplaza "ambiente periglacial" por "geoforma periglacial" en la Ley de Glaciares. Un cambio de dos palabras que podría liberar para la minería cientos de miles de hectáreas en la alta montaña mendocina. El agua que alimenta el Mendoza, el Tunuyán y el Diamante está en juego. Y Mendoza, por ahora, mira.
f768x1-165583_165710_5050

Viernes Santo: el día en que el mundo se detuvo y todo fue silencio

Expreso Mendoza
Editorial03/04/2026
En este Viernes Santo, Expreso Mendoza se detiene a contemplar el misterio más hondo del cristianismo: la muerte de Jesús en la cruz. Una reflexión sobre el dolor, la esperanza y la vigencia de ese mensaje en un tiempo donde la injusticia, la pobreza y la guerra siguen siendo la pasión de millones.
bj5f1r7amoj8ydogfwrg

Mendoza cosecha su peor crisis en décadas: bodegas quebradas, uva sin precio y el gobierno mirando para otro lado

Expreso Mendoza
Editorial18/03/2026
Pasó la Fiesta Nacional de la Vendimia, se apagaron los focos, se bajaron los telones y la realidad volvió a golpear con fuerza. La vitivinicultura mendocina atraviesa su peor momento en más de una década: bodegas históricas en concurso preventivo o al borde del colapso, productores que no consiguen quién les compre la uva o la entregan sin precio, cosechadores que cobran un 30% menos que el año pasado y fincas que están siendo directamente abandonadas. 
Lo más visto