Rodolfo Walsh: escribió la carta más valiente de la dictadura y lo mataron al día siguiente

El 24 de marzo de 1977, al cumplirse un año del golpe, el periodista Rodolfo Walsh envió por correo una carta a las redacciones de todos los diarios del país. Nadie la publicó. Al día siguiente fue emboscado y desaparecido por un grupo de tareas de la ESMA. Su cuerpo nunca apareció. La carta, sin embargo, sigue circulando.
Editorial26/03/2026Expreso MendozaExpreso Mendoza

El 24 de marzo de 1977 se cumplía exactamente un año desde que la dictadura había tomado el poder. Rodolfo Walsh, periodista, escritor y militante que vivía en la clandestinidad en una casa del conurbano bonaerense, terminó de escribir una carta. Tardó meses en redactarla. Sabía perfectamente lo que significaba hacerla circular.

Esa mañana, Walsh fue hasta la oficina postal de Plaza Constitución y depositó varios sobres con destino a las redacciones de los principales diarios de Buenos Aires y a corresponsales extranjeros. Ningún medio argentino la publicó. Afuera del país, en cambio, comenzó a circular. En Argentina, durante años, se pasó de mano en mano, clandestinamente, como la dictadura había vuelto clandestino casi todo.

Al día siguiente, 25 de marzo de 1977, Walsh caminaba por la esquina de San Juan y Entre Ríos en Buenos Aires cuando fue emboscado por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada. El objetivo era capturarlo vivo. No pudieron: Walsh resistió el secuestro con su pistola y logró herir a uno de sus atacantes antes de recibir una ráfaga que lo dejó moribundo. Se lo llevaron. Su cuerpo nunca apareció. Desde entonces forma parte de la lista de detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado.

Tenía 50 años.

La carta que nadie quiso publicar

La "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar" es hoy considerada una de las piezas periodísticas más importantes de la historia argentina. Gabriel García Márquez la calificó como una obra maestra del periodismo. Es un texto extraordinario porque hace en 1977 lo que casi nadie se atrevía a hacer: le habla a la Junta Militar en primera persona, con nombre y apellido, enumerando sus crímenes con la precisión de quien ha investigado cada detalle.

Walsh denuncia las desapariciones, las torturas, los asesinatos. Pero también —y esto es lo que lo hace único— denuncia el plan económico. Calcula que en un año los militares han reducido el salario real de los trabajadores al 40 por ciento de su valor anterior, que han disminuido la participación de los trabajadores en el ingreso nacional al 30 por ciento, que han multiplicado por tres la cantidad de horas que un obrero necesita trabajar para pagar la canasta familiar. Lo llama "miseria planificada". Y concluye que en esa política económica hay que buscar no solo la explicación de los crímenes de la dictadura, sino "una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos".

La carta cierra con una frase que se volvió testamento: escribo, dice Walsh, "sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles".

Al día siguiente lo mataron.

El periodista que no se fue

Walsh había tenido la posibilidad de exiliarse. Eligió quedarse. Ya era autor de "Operación Masacre", considerada la primera novela de no ficción de la historia latinoamericana, y de "¿Quién mató a Rosendo?", dos obras que habían redefinido el periodismo de investigación en Argentina. Bajo la dictadura, creó la Agencia Clandestina de Noticias —ANCLA— para distribuir información vetada. Vivía con identidad falsa, cambiando de casa, sabiendo que era buscado.

En 2011, la Justicia argentina identificó y condenó a siete de los autores materiales de su asesinato. Entre ellos, Alfredo Astiz.

Su cuerpo sigue desaparecido. Su carta, no.

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